Después de Coco

El gran momento esperado por los fashionistas frustrados: una vista cinematográfica, -y para los que nos tragamos la maquinaria hollywoodense, es más la exigimos- una visión llena de magia y sueños de la superficialidad que nos llena y completa como humanos.

Coco Avant Chanel se vino con una ola cargada de expectativas, sobre todo para quiénes nos llenamos la cabeza de “qué será” antes de ver una película, que resultaron tristemente huecas e ineficaces.

Un afiche con la romanceada Audrey Tautou quien, después de la histórica Amelie, nos dejó un gran sabor de boca, alimentó mis perspectivas de una película que sería épica y que se guardaría junto a otros grandes clásicos de la pantalla grande.

Lamentablemente, el filme le quedó pequeño al gran nombre que profesaba. Nada de la historia de la grandiosa Coco Chanel que tanto ansiaba observar en la magnífica tela se mostró ante el insatisfecho público -y sé que así fue-.

Todos sabíamos el final de la película, sí: Coco Chanel termina como Coco Chanel. La gracia de todo el asunto, y realmente lo que se esperaba de la puesta en pantalla, era ver más patrones, telas, agujas, diseños, locura, y pasión por la moda… pudieron dar más de eso que los escasos minutos que mostraron durante toda la pieza.

No estoy completamente familiarizada con la publicidad de la película en sí; sé que la vendieron como la historia de la diseñadora antes de ser la famosa figura que ahora es. Pero todo resultó ser ridículo, triste y sombrío. Debieron hacer más énfasis en lo de ANTES de Chanel… sí, antes, mucho antes; al menos así uno sabía a qué esperar para no terminar deprimido.

Aún así tuve destellos de una esperanza inocente durante toda la película. “Esto mejorará el cualquier momento”, me decía. Y de repente, ¡puff! un medio desfile de modas, ya era la gran Coco Chanel, y luego negro… se acabó la película.

Realmente no la catalogaría como una tortura en cinta de filme, sino que resultó incluso aburrida y sin sentido.

Expreso el gran WTF que dije cuando se acabó todo… “¿Esto es todo?“. Sí, ESO era todo… no lo podía creer, que fraude. Me recordó a una de esas películas de época donde todo es un fracaso, hay tristeza, amores imposibles, sexo, Hugh Grant, pastos y jardines, una mansión en medio de la nada, trajes marrones… muchos trajes marrones, sombreros, Helena Bonham Carter (la joven Helena) y caballos. Cero en la boleta por originalidad.

Además, ni siquiera el vestuario de las mujeres de la época antes de conocer la aguja de Chanel es para nada cerca de extraordinario. No sorprende nada, es todo muy “normal”.

En serio, es una película que no recomendaría. No podría romperle el corazón a otras amantes de la moda con esperanzas blancas, negras y perladas.

Por el otro lado

Hay que ser optimista. Alguna cosa buena tuvo la película; y después de pensar en algo… aquí va:

1) El idioma original es en francés, así que por un lado enriquecí mi oxidado idioma y además de puede alardear de ver una película extranjera.

2) Si estás perdidamente enamorado de Audrey Tautou, pues ahí puedes verla… algo diferente que sus otras películas; pero ahí la tienes.

3) El númerito de “Qui qu’a vu Coco” en el cual canta la propia Tautou es bastante simpático… digo, la canción, la canción.

Y… creo que eso sería todo… muchas palabras para una película de la cual no se puede decir nada de lo NULA que es. Prefiero ver por dos horas, una y otra vez, la cuña de Audrey Tatou para el perfume N°5 de Chanel.

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