El dramma per musica

La melodía de Lotty Ipinza florece resistente al paso del tiempo. La experimentada cantante lírica ha tenido un compromiso con las artes que la hizo regresar a su tierra natal, después de sus exitosos estudios en Euopa, para difundir la cultura entre sus hermanos venezolanos. Ipinza tiene una vida de carrera que no sólo se ha desarrollado en las tablas y entre escenarios, su trabajo también contempla la poesía y la enseñanza

Entre lozas oscuras y un suelo que sin duda se vislumbra frío se extiende el lobby del Hotel Alba Caracas, en el corazón de una pequeña capital dentro de la capital, en el centro de una aldea cultural entre la Plaza de los Museos, el Teatro Teresa Carreño, la Galería de Arte Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo, en Parque Central, no muy lejos de allí.
Dentro de la fantasía de la otra Venezuela, “en una salita muy cómoda para conversar”, Lotty Ipinza encuentra un refugio familiar en los asientos de ese vestíbulo que innegablemente les son muy conocidos y naturales.

Lotty Ipinza, estrella de la música lírica de los años ochenta, creció con una voz que la llevó a los extremos del mundo: de Venezuela a Colombia, Rusia, Italia y Francia. Aún a los 57 años posee un tono vocal que desafía el tono estándar de la multitud, un acento imponente en su entonación soberbia muy característico. A pesar de que su nombre “Lotty” proviene del diminutivo de Charlotte, como se llamaba su madrina, su voz no denota ni remotamente a algo de pequeñas proporciones.

Lotty Ipinza
Lotty Ipinza

Ipinza se dedica actualmente a la enseñanza dirigiendo el Taller de Técnica y Repertorio Vocal Fedora Alemán, impartiendo clases de primera mano a jóvenes entusiastas del canto. Ahora dedica su vida a la escritura poética, teniendo ya bajo el brazo varias publicaciones como Alteraciones, una obra de aforismos poéticos publicados en 1992; y Vastas sombras/Diálogos nocturnos, dos libros que salieron a la luz juntos en el 2004.

Obertura desde los cimientos

La atmósfera indiferente oscurece los sofás color mostaza, Ipinza toma asiento plácidamente; detrás de ella hay un gran espejo que no refleja más que sombras, diagonalmente se abren constante y silenciosamente dos ascensores; en una esquina se asoma curiosamente un guardia de seguridad en traje y corbata.

La experta cantante comienza una narración esquemática a grandes pinceladas de su extensa biografía. Del comienzo al concurrente fin, ella narra.

—¿Cómo fue su infancia en Valencia?

—Crecer en Valencia fue muy agradable. Yo amo mucho mi tierra porque tiene muchos árboles, mucha vegetación; además allí está el río Cabriales donde me bañaba cuando era pequeña. Mi padre era profesor de educación física y nos indujo a hacer mucho deporte, entre ellos el principal era nadar, por eso siempre estaba en las piscinas.
Donde hay vegetación me siento feliz; pero en realidad amo el mar, me gustaría terminar mi vida en el mar. Ese es mi sueño dorado y lo voy a conseguir; antes o después.

—¿Cómo pasó de la música a la poesía y filosofía?

—En verdad yo empecé primero con la poesía que con la música, sólo que muy pocas personas lo saben. Comencé a leer a Platón y Aristóteles a los 12 años; en casa había mucho estímulo a la lectura por parte de mis padres. En vez de ir a clases me metía a la biblioteca a leer filosofía, allí me nutrí de esas lecturas fundamentales. La filosofía es muy bella y, además, muy compleja; ser autodidacta en filosofía no es fácil porque hay que trazarse una línea de trabajo y de lectura muy rigurosa.

—¿Recuerda qué fue lo primero que escribió?

—Yo empecé a escribir a los 20 años; pero todo eso lo deseché porque no me parecía que esos trabajos iban dentro de la línea que yo quería. Quién sabe si rompí cosas valiosas; no lo sé, lo hice de todas maneras. Mi primera publicación la escribí a los 30 años: Alteraciones, aforismos filosófico-poéticos.

—¿Siempre tuvo el apoyo de sus padres?

—Escogiésemos lo que escogiésemos mis hermanas y yo, siempre fuimos apoyadas en nuestras decisiones. Mis padres fueron libres pensadores, acogieron lo que nosotras queríamos ser. Mi mamá siempre fue feliz por el hecho de que nosotros éramos felices.

—¿Cómo comenzó a cantar?

—El canto surgió cuando yo estudiaba primaria en la Escuela Peñalber. Estaba en la coral, y prefería cantar a estar en clases, ¡todo con tal de no estar en clases! Mi maestro, Rogelio Pereira, quien acaba de morir, me decía que tenía muy buen oído; voz todavía no podía saberlo porque yo era muy pequeña. Le hacía muchas jugarretas, hacía otras voces, desafinaba apropósito para que él se enojara.

Luego pasé al Liceo Pedro Güal donde también ingresé a la coral, ya para cantar mucho más en serio. Después ingresé al Orfeo Universitario de la Universidad de Carabobo donde había una maestra de canto, Antonia Vogt, húngara, y es así como yo comienzo a cantar. Ella daba clases de técnica vocal a los coristas, se dio cuenta de mi voz y me instó a que yo fuese a estudiar canto a la Escuela de Música Sebastián Echeverría Lozano, en la cual ingresé a los 15 años.

—¿Por qué se mudó a Caracas?

—A los 16 años llegué a Caracas sola porque quería avanzar en mis estudios musicales. Para ese tiempo no me había instalado en la ciudad, viajaba a Valencia dos veces a la semana. Para cuando tenía 17 años me mudé definitivamente a Caracas y me inscribí en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas.

Canta el aria del viaje constante

Luego de un pequeño recorrido por el concurrido y mudo vestíbulo del Hotel Alba Caracas, Ipinza confiesa tener próximo su viaje mensual a Valencia, junto a los ataviares de una agenda atestada de trabajo, las ocupaciones son parte habitual de su esquema diario de vida.

Ipinza pasó su adolescencia y parte de su adultez temprana en países extranjeros. El canto fue el pasaje de un viaje constante que alimentó su persistente hambre intelectual, sin embargo, en la cúspide de su carrera, regresa a tierras nativas para consolidar su trabajo junto a la fauna cultural venezolana. El país que le había dado la oportunidad de inaugurar el Teatro Teresa Carreño con la ópera Aida, la acogió con los brazos abiertos.

—¿Por qué viaja a Colombia?

—Me mudo a Bogotá por un año porque, además de que tengo familia en Colombia, estuve en el Conservatorio Nacional de la Universidad Nacional con Carmiña Gallo, una de las mejores sopranos y profesoras de Bogotá, con quien yo me identifiqué muchísimo.

Estando en Colombia me gané una beca para estudiar en Rusia, estuve un año en Moscú y luego regresé a Bogotá. Posteriormente Carmiña Gallo me invita a viajar a Roma para hacer una audición en el Conservatorio Santa Cecilia. Consulté a mi madre quién me otorgó todo el apoyo, y a los 19 años hice una prueba con doscientos aspirantes de todo el mundo; sólo quedamos veinte.

—¿Por qué no se quedó en Moscú?

—Por dos razones: una, no me interesaba la técnica rusa, no me sentía cómoda, ya tenía varios años con la técnica italiana, la cual prefiero; el idioma ruso es muy gutural. Y segundo, no me gusta el frío; la ciudad y la gente es bellísima, pero no me adapté al clima.

—¿Extraña algo de Moscú?

—La comida que era riquísima y la champaña, baratísima.

—¿Después de 4 años en Roma, aún recuerda el idioma italiano?

—Claro que sí, yo soy bilingüe; hablo perfectamente italiano. He querido traducir a poetas italianos, pero no me he decidido por cuál porque he estado muy ocupada en mi trabajo. Me gustaría traducir a Dino Campana, Salvatore Quasimodo, Eugenio Montale, y hacer mi propia versión de sus obras.

—¿Qué fue lo que más le gustó de Roma?

—La arquitectura, sin duda. Roma es una de las ciudades más bellas del mundo. Vivir junto a las ruinas milenarias romanas es una cosa maravillosa. Que de repente, cuando estás caminando por las calles, te encuentres una ruina del Imperio Romano, es una cosa única. Yo hice varios recitales en Italia, por eso conozco muy bien ese país.

—¿Qué significó París para ti?

—París es un sol porque todo el conocimiento que quieras adquirir de cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier circunstancia, lo consigues en allí. En ese lugar hay todo lo que tu hambre intelectual te exija.
En Francia crecí intelectualmente como no creo haberlo hecho en ninguna otra parte del mundo. Aprendí todo lo que quise de música, literatura, poesía, teatro, cine, danza, pintura; regresé a Venezuela con una riqueza intelectual y cultural de Europa muy grande porque yo tenía muchas inquietudes. París es mi ciudad amada, yo viviría en París si no fuera por el clima.

—¿Por qué no tiene hijos?

—Me encantan los niños, pero no lo vi factible estudiando lo que yo estudiaba y haciendo recitales… en mi vida artística nunca vi una compatibilidad con tener hijos. No estaba dentro de mis intereses. Tampoco casarme porque no creo en emular estereotipos.

—¿A qué se refiere con emular estereotipos?

—No creo en el matrimonio, no estoy de acuerdo con que la gente homosexual se case porque están imitando un estereotipo heterosexual. Deberían inventar otra cosa, no sé qué, pero ya que salen de ese rol que se metan en otro distinto. Yo vivo mi vida libremente, no me ato a nada; sólo a mis compromisos, incluyendo mis compromisos emocionales, son sagrados.

—¿Por qué regresó a Venezuela?

—Regresé en 1987, estaba en pleno apogeo de mi carrera. En parís tuve la oportunidad de estar cerca de poetas venezolanos y latinoamericanos, creo que por un lado ellos influyeron en mi compromiso de hacer un trabajo cultural en Venezuela; pero no cuando ya no fuéramos nada, sino mientras estuviésemos en la cúspide de nuestro ejercicio artístico.

—¿Tuvo éxito?

—Yo creo que sí, esos fueron diez años de duro trabajo con otros artistas. Hice muchos recitales con orquestas, hice una nueva propuesta de música contemporánea, canté música sacra, canté todo el repertorio que me correspondía. No me arrepiento de haber vuelto.

Ipinza sentada al piano realizando audiciones para sus clases en el Taller de Técnica y repertorio Vocal Fedora Alemán

Interludio a una nueva era vital

Suena un “ding” de los ascensores cercanos como un susurro débil que no interrumpe el silencio del pasillo oscuro; un niño pasa corriendo delante del personal de seguridad y frente a una mesa de café desierta de floreros, se juntan otras personas, en un similar sofá de aros color mostaza, extrañados de una conversación tan inusual de preguntas persistentes y de respuestas cuasi monólogos.

—¿Alguna obra literaria cocinándose?

—Estoy concursando en España con un libro de poesía titulado Doble Tuerca. Espero tener éxito.

—¿Por qué los largos periodos de tiempo entre la escritura y la publicación?

—Por ejemplo, yo empecé a escribir Alteraciones en 1980, me llevó dos años hacerlo y lo publiqué muchos años después. No creo que salir corriendo a sacarlos inmediatamente; los dejo macerar, los estudios, los reviso para ver si resisten al paso del tiempo.

—¿Por qué se retiró?

—La escritura me fue halando para su lado hasta que dejé el canto completamente en el sentido recitalista. He estado haciendo algunas cosas; pero ya tengo diez años que no me dedico a cantar completamente. La poesía es muy egoísta, te sumerge en un mundo muy profundo donde no hay cabida para más nada. He escrito mucho sobre toda la exclusividad que me demanda la poesía.

—¿Qué significa escribir?

—Es un estado del ser… hay un cambio profundo en el ser, hay una preocupación hacia un trabajo que se debe realizar. Y ese trabajo demanda toda tu energía. Yo puedo dar clases y escribir a la vez, pero no puedo cantar y escribir contemporáneamente. Para mi cantar es muy fuerte y también muy exclusivista. Tratar de conjugar las dos cosas me fue imposible, por eso dejé de cantar, porque mi obra literaria también es muy importante para mi.

—¿No volverá a cantar?

—Tengo ideas de hacer un recital porque todavía estoy en perfectas condiciones vocales. Ya me siento un poco más liberada porque acabo de terminar Doble Tuerca.

—¿Qué diferencia hay entre la cantante y la poeta?

—Casi ninguna porque cuando canto hago poesía, y cuando hago poesía hago música. Cuido mucho que mi poesía tenga mucho ritmo y musicalidad sin dejar de lado el contenido. Lo apolíneo sin lo dionisiaco no funciona.

—¿Sobre qué escribe?

—Escribo sobre la vida. Trato de desarrollar la escritura de visiones, con esto me refiero a escribir entre los intersticios de las realidades que no todos vemos.

—¿Para quién escribes?

—Para mí y para todos. Decir que uno no escribe para los demás es una falacia, sino uno no publicaría. En mi caso la necesidad de escribir es inminente porque se me da el llamado a la literatura. La publicación para los demás viene en segundo plano.

—¿Escribe sobre el amor?

—Muchísimo, te digo ya una parte de un poema que saldrá en Doble Tuerca:

Estoy lavando el amor
Estoy restregando el corazón
Enjuagándolos
Para de pronto volver al fondo de su brillo

En sus clases Ipinza se sienta frente a sus alumnos mientras realizan sus repertorios.

Final en seis actos

Vislumbrando la hora en un reloj de muñeca, los caminantes anónimos parecen llamar la atención de Ipinza más que al comienzo. La poeta sigue sentada cómodamente, casi inmóvil, el color amarillo de su camisa parece fundirse con el espaldar del sofá, su único movimiento es la mirada, ve a la gente alrededor, sus rostros; vienen, pasan y desaparecen sin interrumpir su narración.

—¿Qué tipo de música le gusta?

—Cuando estaba joven sólo escuchaba música clásica, mis padres también oían mucha música culta; aunque sí me gustaban los Beatles. Es ahora cuando estoy comenzando a oír rock y blues.

—¿Cuál es su libro favorito?

—Recuerdos, sueños, pensamientos de Carl Gustav Jung porque me guió durante momentos muy duros, me dio muchas armas para comprender profundidades a cerca de la muerte y la vida que ningún otro libro me había dado.

—¿Por qué se dedicó al canto y no a otra cosa?

—¿Por qué el canto?, porque tenía la voz… tengo la voz, tengo el don. Tuve pertinente dirección; eso es lo más importante para desarrollar una carrera artística: no basta tener el don; sino tener la orientación oportuna.

—¿Cuál es su comida favorita?

—La comida italiana es divina. Amo la pizza y la pasta, no las cambio por nada. Yo era muy feliz cuando estaba en Roma, comía pasta todos los días.

—¿Qué significa ser libre pensador?

—Ser libre pensador significa ser una persona sin atavismos culturales, ni tabúes mentales, ni pájaros sin canto pintados en la cabeza. Los libres pensadores somos aquellos que podemos tomar la realidad tal cual es con todas sus variedades y sin ninguna restricción.

Una de las llaves liberadoras de las cadenas de la estupidez es la cultura, instruirse. El conocimiento da armas para ser un libre pensador. Soy defensora de la educación a ultranza.

Una despedida con prisa, al igual que el primer saludo, parece ser una muestra infalible del ritmo de vida de la cantante y poeta. Unas risas, agradecimientos y formalidades marcan el final del encuentro. Quien se auto confesó ser una persona “solitaria y con pocos amigos muy bien escogidos”, desmiente la faz soberbia que ostenta a primera vista; con gran accesibilidad, tratos afables y amistosos, se pierde entre las columnas y escalones del camino hacia el sótano del hotel Alba Caracas.

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3 comentarios en “El dramma per musica

  1. Excelente entrevista, me gusta mucho la forma tan descriptiva en que la escritora (Andrea Rebolledo) nos ofrece, para llévanos justo en sito donde ésta (la entrevista) fue producida.

    En Venezuela existen muchos talentos ocultos, y personas que como mi Maestra Lotty Ipinza hacen un extraordinario trabajo: enriquecedor, promotor, y de altísimo valor, pero que casi nadie conoce, amén de que estos trabajos aportan un valor importante a la juventud.

    No es fácil que alguien se dedique a enseñar algo que le costo tanto en su vida y casi por nada; y ese casi por nada depende en gran medida del poco apoyo gubernamental, es muy lamentable que por somera burocracia, tal vez envidia y poco valores y sentido de responsabilidad de quienes tiene el compromiso de aportar lo justo para que este tipo de actividad continúe, sea un factor de mayor peso que la misma labor que gente como Lotty Ipinza lleva a cabo. Y no me refiero solo a los altos puestos gubernamentales, sino también a los últimos eslabones de esa cadena que, aunque no lo parezca, hacen un peso importante.

    Aún así, personas como Lotty Ipinza hacen lo que deben, y ayudan a la Juventud a orientar sus inquietudes en vez de dedicarse a la delincuencia y otros males de los cuales estamos presos, muy lamentablemente, en Venezuela. Por ello le doy Mil gracias a mi Maestra.

    Así como ella, también conozco a otra luchadora que hace lo suyo en la Ciudad de La Victoria – Edo Aragua, la Lic.en Dirección Coral, Cenaida Muñoz. Y me complace que artículos como este, promuevan a tales personajes a quienes yo he llamado Heroínas anónimas.

    Gracias Andrea Rebolledo y Felicitaciones.

  2. hola me gusto mucho esa entrevista a la maestra lotti ipinza me gustaria saber en donde da clases de canto lirico estoy interesado en entrar a ver clases de tecnica lirica gracias.

  3. Lotty eres una excelente maestra de la integralidad de la emisión vocal. Porque el canto integra toda la corporalidad, toda la afectividad, la espiritualidad, la emocionalidad y sentimiento, todo el mover humano. y eso expresas tu y buscas que fluya en tus alumnos. Jamás olvidaré tus enseñanzas por cinco años consecutivos, me han servido de base y baluarte para enseñar a otros. No puedo poner las manos en el piano para orientar vocalmente a nadie sin que en mi mente estés presente, es como la continuidad de tu trabajo a través de mi, por eso creo en ese tipo de siembra que seguirá fructificando mas alla de nuestra existencia. tambien sueño como tu en un mundo que nos comprenda en lo mas profundo de nuestras intensiones para con los demás, porque yo tambien desde carúpano, mi pueblito, he soñado con un mundo de posibilidades para tanto talento, y sigo con mi trabajo mientras sueño, y sueño hermoso para mi y mis discípulos que tambien son tuyos, viendo con impotencia que a quienes pueden apoyar, no les importa. Porque es gratis soñar. Besos para ti, mi amor. Y gracias amigo por publicar esta entrevista de tan loable maestra. Fermín Gómez

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