Los muros de la urbe en papel

La ciudad es una bombonera de oportunidades, experiencias, romances y tragedias; pero en una urbe, los bocadillos surtidos se entre mezclan en un caos, se pierden en un huracán apresurado. El precipitado apuro, la urgencia súbita del ritmo de la urbe difumina la percepción del tiempo y nuestros actos en él. La vida dentro de una urbe es peculiar y ofrece ciertos aspectos de los cuales otras ciudades carecen.

Son muchos los rasgos de las urbes que las hacen de personalidades estrambóticas: el exceso; sus engranajes que giran en un aparente desorden; el dinamismo perenne como un perpetum mobile, la urbe siendo una batería que se alimenta a sí misma y nunca se detiene; el abarrotamiento, la congestión, el casi atascamiento en el cual no cabría un suspiro; las celdas donde todo tiene desarrollo, donde todo surge a la vida, son espacios cerrados de cuatro paredes y un techo;  el paisaje diferente de una urbe, un panorama cubista de figuras anguladas que se confunden entre las nubes; el olor a fabricado; la sobrepoblación.

Las crónicas urbanas dibujan lo cotidiano, esbozan el paisaje de la vista diaria en una urbe: lo que se percibe al salir de un apartamentico, montarse en el ascensor y bajar unos pisos para encontrarse con el concreto negro infinitamente pisoteado, los laberintos de edificaciones, el circo variado de transeúntes que se unen en una misma caravana, la peregrinación multitudinaria en el transporte público y la llegada a otro espacio reservado donde se labora o se estudia.

Las crónicas urbanas, entonces, son los retratos de estas ciudades de distintiva raza; pero no son imágenes generales, son esbozos de detalles que hablan por sí solos de la particularidad de una urbe, detalles que describen mucho más a una ciudad caótica en específico que el relato de su generalidad.

Las crónicas urbanas constituyen anécdotas del cadáver exquisito que sus habitantes ayudan a formar. Caracas, siendo indiscutiblemente una urbe por ostentar las características de estas ciudades que existen en el caos y la premura ha sido razón de la autoría de crónicas urbanas. Elisa Lerner ha escrito En el entretanto: Un solitario elogio a Zapata, un personaje propio de la urbe caraqueña, un ícono, una personalidad de referencia extendida al ámbito nacional; y Federico Vegas, quien compuso El valle y la trama, describe la fisionomía de Caracas, una ciudad que siempre ha sido y será una dama voluptuosa rodeada y protegida por gendarmes: las montañas.

En Un solitario Elogio a Zapata, Lerner escribe sobre un personaje único en la urbe que exhibe, en una de las encrucijadas donde sus diferentes tonos se encuentran, un mural enorme del artista, una referencia que ha echado raíces como característica natural de Caracas. La autora describe el rechazo de los venezolanos en reconocer y expresar la genialidad de los artistas nativos: “En relación a un trabajo del artista nuestro podemos decir, muy apurados, vamos, <<el hombre tiene genio>> pero decir, simple y llanamente, que el artista es un genio, peligro, peligro (…), es acercarlos demasiado a Dios y trastocar de esa manera la paz del mundo”, explica.

En El Valle y la trama, Vegas expone la lucha que aún se desenvuelve entre los habitantes de Caracas y la topografía de la ciudad. Nuestra metrópoli con su arquitectura y desarrollo como urbe ha extinguido la vegetación legítima del lugar. Vegas escribe: “La arquitectura es indetenible, ineludible, omnipresente (…) en mis recorridos, puedo sentir a los valles y quebradas luchando por no desdibujarse y muchas veces, venciendo.” Ambos temas a desarrollar en las crónicas son innegablemente propios de las urbes.

Pedro León Zapata
Pedro León Zapata

Las crónicas urbanas deben crearse de manera que resulten atractivas, seductoras a la lectura, deben ofrecer una reflexión y a la vez entretenimiento; deben estar construidas de manera clara y sutil, con un lenguaje innovador, un estilo causal y fresco pero elegante, una extensión, si se quiere, breve; las crónicas deben emular a las urbes que describen.

La estructura de El Valle y la Trama y de Un solitario elogio a Zapata parecen tener un esqueleto similar. Ambas crónicas tienen un argumento como apertura, en el sentido más científico que la técnica: una hipótesis, posteriormente se desarrolla una serie de demostraciones y explicaciones que apoyao dicha hipótesis.

El estilo de El valle y la trama es anecdótico, el autor combina sus recuerdos y experiencias de la ciudad con un arqueo histórico sobre la lucha hombre-vegetación dentro del valle caraqueño. Vegas utiliza fuentes como la reflexión de su propio padre y de Alejandro Alcega; arquitecto del Hotel Los Frailes; investigaciones de hombres que examinaron el drama de la lucha como Gonzáles Gorronda, Borges Villegas y Armand Planchart; consultas a informes, mapas, planos y dibujos de la ciudad. Todo esto expuesto de una manera ordenada; pero presentado de forma que no raya en la pesadez del rigor científico.

Por otra parte, el autor se coloca en acción protagónica, sin opacar a la estrella de la crónica: Caracas y su batalla histórica. El autor escribe frases como “hace algunos años escuché a mi padre decir”, “en esos mismos años empecé a tener una relación intensas con la ciudad, buscaba un sitio donde vivir y trabajar”, “la frase de mi padre me acompaña siempre”, “siento al Ávila como un fiador”; de este modo, infiero, que Vegas tenía como objetivo demostrar que Caracas y sus historias son anécdotas personales, le pertenecen, son propias, suyas. Posteriormente el escritor cambia el estilo y escribe: “La primera imagen que conocemos de Caracas”, “casi todo lo que hemos hablado”, “a lo largo de nuestro valle”; como recursos para, ahora, incluir a los lectores como una parte más de la urbe; ahora la crónica no es sólo de Vegas, es nuestra lucha como son nuestras montañas y nuestra Caracas.

Mural de Zapata en la Universidad Central de Venezuela - vista desde la autopista Francisco Fajardo

Elisa Lerner, en Un solitario elogio a Zapata, crea una crónica que no cuenta una historia, ni hechos, ni describe un lugar; narra a un hombre, a un artista, como un cuento que todavía no tiene final. La crónica urbana de Lerner es de carácter reflexivo, su estilo lleva hacia el cuestionamiento intelectual de un problema en cuestión, y al final, deja cabida a que el propio lector llegue a una conclusión propia de su discernimiento como habitante de Caracas y sujeto susceptible a la apreciación del arte. El estilo parece centrarse en la simulación de un discurso.

Lerner escribe: “La narrativa referencia a ríos gigantescos que podrían llevar en el duro regazo de sus enormes piedras la mitad de los sueños futuros de los hombres, invita a pensar que, en América Latina, no hay solo vastedad de soledades geográficas”. Es estilo de la autora es casual, utiliza metáforas; pero no deja de ser distinguido y refinado.

En cuanto al lenguaje de Vegas en El valle y su trama, utiliza unas estructuras lingüísticas tradicionales que no alimentan muchas figuras literarias más que la pura descripción y narración. Sin embrago, su estructura no es estrictamente formal, sino es un cuento cantado entre oraciones de bella creación y consonancia musical con abundante sentido de familiaridad y pertenencia. El autor escribe frases y oraciones como: “Siento al Ávila como un fiador, un fuerte hermano mayor, una reserva infinita en la defensa de sus colinas menores”, por ejemplo.

Para Elisa Lerner, en Un solitario elogio a Zapata, el lenguaje sirvió como vehículo para apaciguar el caudal desbordado de la naturaleza vehemente de la discusión. Zapata es un genio, ¿Por qué no llamarlo como tal… y  a vox populi?, es el gran punto de ebullición inherente de la crónica. Así la escritora escribe, por ejemplo, con un lenguaje apropiado y con forma más íntima y ligera: “En esta ocasión los dibujos de las caricaturas semejan una suerte de work in progress para el trazado plástico de los personajes de los cuadros. Aunque seguramente, no hay tal work in progress.

Son dos lugares comunes en Caracas: Zapata y la lucha naturaleza-arquitectura que por separado, trazan una imagen clara de la urbe más acertada que si, en tal caso, ambos autores hubiesen descrito a Caracas, grosso modo, como una ciudad atestada de edificios, rodeada de una maraña de autopistas y con un Metro que serpentea por debajo de los transeúntes inadvertidos… sin matices, ni detalles, carente de pinceladas. Son crónicas de las mañas de la urbe que la hacen distinta de las otras ciudad.

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