Deleite finlandés

Recuerdo hace unos diez años cuando mi tío me regaló un DVD de “esa música rara que a mí me gusta”; entre esos clips, estaba el video de Wolf & Raven de Sonata Arctica. No puedo decir que los amé inmediatamente; a diferencia de mi hermano quien quedó prendado de por vida y hechizado por el power metal hasta estos días. Sin embargo, luego de escucharlos unas cuantas veces aprendí a apreciarlos. Poco a poco surgiría en Venezuela el alud invernal proveniente de los países bajos y sus adyacencias: este nuevo estilo de metal que ganaba fieles de sangre fresca.

También recuerdo una vez, igualmente hace algunos años, haberle comentado a mi hermano (no recuerdo en qué ocasión en particular) “¿Te imaginas que venga Sonata?”, seguido de una respuesta negativa con un tono de voz decepcionante. Nunca pensé que quienes son para mi los clásicos del power metal, por ser los únicos que me gustan y los primeros que escuché en mi vida, pisaran tierras venezolanas.

Say what?

Ya la fecha había llegado, todo el mundo parecía saberlo menos yo; el mismo día que me dirigía al concierto de The Cranberries vi el pendón en la entrada del Sambil… y me quedé ahí, quieta… ¿era cierto lo que leía? A unas pocas semanas… Sonata Arctica. Tuve un pequeño episodio de ansiedad mientras avanzaba ciegamente hasta el Afiteatro.

Mis entradas de Sonata

¿Dude, en qué país vives?

Poco después obtuve las entradas y el momento del evento llegó imprevisto, de repente (esto me está pasando muy seguido) el 20 de octubre. Después del trabajo peregriné (cualquiera que viaja en el Metro de Caracas a horas pico sabe que es una dolorosa peregrinación de sangre y sudor) al terrible lugar nuevamente , ya he dicho que el Anfiteatro del Sambil es un pésimo lugar para este tipo de espectáculos; mi hermano hacía cola desde temprano cuando uno de los tipos de protocolo nos detuvo y  nos dijo que no estaba permitido guardar puesto.

NO ESTÁ PERMITIDO GUARDAR PUESTO… okey, ya va…  no está permitido guardar puesto; le hubiese creído más si me hubiese dicho que nunca en su vida se había comido una arepa. No quise pelear con él porque a mi hermano sí lo podían agarrar los de seguridad y nos fuimos hacia atrás donde, afortunadamente, un amigo de mi hermano estaba solo en la fila, nos enchufamos sin que ninguno de los “no-está-permitido-guardar-puesto” nos viera.

Vista desde mi asiento

Una manada de camisas negras atestaba el último nivel del centro comercial; me sentí vieja por varios instantes al ver las caraas imberbes de muchos de esos “metaleros”; yo ni siquiera iba de negro, tenía un blue jean y una camisa morada… muy outsider. Tal vez esto sea irrelevante, pero el episodio significó una revelación en cuanto a mi personalidad y lo cierto que es cuando te dicen que no es necesario vestirse de luto para llevar el metal por dentro, qué cliché, pero es verdadero. Nunca me arrepentiré de mi juventud, ni de cómo me vestía y expresaba… como conclusión: estoy vieja.

Getting in

A medida de que la cola avanzaba nos cambiaron la entrada que compramos originalmente por una con el sello de la Alcaldía; el avance fue rápido y antes de las 6 pm nos encontrábamos dentro del Anfiteatro. Entramos cuando Fake Devotion terminaba apenas de hacer su prueba de sonido. Aún la luz del día se tornaba gris bajo el cielo nublado de un alba incolora cuando el presentador radial Alfredo Escalante presentó a estos pequeños “pubertos” teloneros que abrirían el concierto de Sonata Arctica. Después de su famosa frase “La música que sacude, saucudió y sacudirá al mundo” los niños comenzaron a tocar. Cualquier vaina.

La forma de un anfiteatro es bastante ventajosa para quiénes están sentados en la parte de atrás, las sillas son muy cómodas mientras se espera a que el espectáculo comience, pero nuevamente me hizo falta algo: el desastre de una olla, los empujones, los saltos, el calor de los demás espectadores, la desesperación colectiva de la espera… extraño esas sensaciones. Por otro lado, un evento pacífico y sin muchas dificultades nunca hace mal a nadie. Desafortunadamente justo en frente de nosotros una parejita patética aprovechó las horas de espera nada más y nada menos para hacer cebo de manera brutal e ininterrumpida. Obviamente se habrían empatado en la cola, lo digo porque el queso era descomunal (pero de ordinaria, pero no hay otra manera de describirlo). Era necesario que esos dos se separaran para inhalar oxígeno; pero nunca lo hicieron.

Sonata Arctica en Caracas @ Anfiteatro del Sambil, 20/10/10

Detrás de nosotros unos cuantos adolescentes con camisas de Sonata, no les calculo más de 15 años a cada uno, enfiebrados, vírgenes emocionados, los modernos groupies, qué cómico. Hablaban sobre la banda:

– El pendón tiene una luna llena…

– Yo vengo diciendo desde hace tiempo que hoy sería luna llena

– Mira arriba es luna llena… y Sonata Artica tienen una llena

– ¿Coincidencia?

(Silencio estupefacto… cha-cha-cha-chaaaaaann…)

– Yo: …

No pude hacer más que reir; porque tal vez cuando yo tenía 15 años habría sido así, digo, si mi madre me hubiese dejado ir a algún concierto. Me sorprendió ver que el Anfiteatro del Sambil no se llenó, a mi izquierda una hilera de asientos quedó vacía, la grada estaba atestada hacia la derecha y arriba, donde se podía ver de manera más céntrica el escenario.

Like a proud mama

A las 8 en punto, ya las nubes eran negras y Caracas estaba llena de luciérnagas estacionarias en las montañas y autopistas como de costumbre. Una extrañísima música sonaba mientras los miembros de Sonata Arctica subían por una escaleras inútilmente escondidas detrás de una tela traslúcida al escenario. Los gritos poderosos se hicieron sordos, ya eran parte del firmamento, las luces se encendieron en azul eléctrico, titanes similares a modernos vikingos salieron a tomar sus lugares, Tony Kakko salió a la vista, energético. El público enloqueció, gritó, rió, lloró. Éramos pocos, aunque ruidosos y poderosos. Me sentí orgullosa.

Tony Kakko - Sonata Arctica en Caracas @ Anfiteatro del Sambil, 20/10/10

Los recientes tórtolos no se separaron para ver el concierto, y algunos que se levantaron sobre las sillas se fueron de espaldas, asumo yo que por una emoción descontrolada. Vaya golpe que se habrán dado, ya que varios cayeron como una desafortunada cadena por estar abrazados. Uno detrás de otro hacia el fondo de la oscuridad.

Me encontraba el el primer tercio de las gradas, por decirlo así, la sonrisa de Tony Kakko se veía perfectamente resplandeciente, hermosa y vívida. Todos sabemos que Kakko no es una belleza agraciada; pero su actitud, constante ánimo y visible alegría por estar actuando para nosotros lo hace un hombre muy atractivo (el comentario girly del día). En un inglés lejos de ser perfecto nos contó anécdotas entre las canciones, saltaba de un lado del escenario al otro, nos sonreía, jugaba con sus compañeros, nos lanzaba abrazos. Como dicen… un artista que se debe a su público. Totalmente.

Durante el encore, hizo algo que nunca había visto: jugó con nosotros a la batería. Dividió al público en tres partes, cada uno éramos una parte de la batería (me tocó una parte que supuestamente suena “Pum”), se sentó, tomó unas baquetas y comenzó a jugar con la inmensa batería criolla. Nos dijo “Vamos a jugar algo que será muy divertido… bueno, muy divertido para mi”, y posteriormente, “Quién diría que estaría tocando una batería viviente venezolana, mi madre debe estar muy orgullosa”. A continuación el cover de la noche: We will rock you de Queen, para continuar con la faena que tenían planeada para nosotros esa noche.

“What do you need?”

Al final, el obligado de “Vodka, we need some vodka“, pero antes… Oh, a que no te lo esperabas, Tony tarareó el coro de la canción de los Leones del Caracas. Estoy segura que ellos no sabrán nada de Caracas ni Magallanes, pero fue un buen gesto que dibujó un gran sonrisa en mi rostro y seguramente en muchos otros presentes.

Set o no set, he ahí la cuestión

Habiendo terminado una descripción grosso modo de lo que sucedió ese día, ahora hablemos de la cuestión: el setlist. Claro que hubo canciones que nos movieron el piso, como Tallulah, Black Sheep, Fullmoon… pero no, hermano… no, vale…

  1. Everything Fades To Gray (Instrumental)
  2. Flag In The Ground
  3. Black Sheep
  4. The Last Amazing Grays
  5. Juliet.
  6. 8th Commandment
  7. As If The World Wasn’t Ending
  8. Paid In Full
  9. Tallulah
  10. In Black and White
  11. The Dead Skin.
  12. The Cage
  13. Fullmoon
  14. Don’t Say a Word.
  15. Vodka
  16. Everything Fades To Gray

Discúlpenme, pero perdónenme. ¿Dónde carajo está Wolf & Raven en este set? ¿No lo ven? Claro que no, porque NO LA TOCARON. Amigos, amigos, amigos… es la primera vez que vienen a Caracas y, por supuesto que ustedes tienen derecho a tocar lo que les venga en gana, ¿pero no van a obsequiarnos algunas de las clásicas? Es qué estaban pensando. Por ningún lado Réplica, o Victoria’s Secret, San Sebastian… no, nada. Ninguna sorpresa.

De hecho, durante el episodio de vodka se escucho una voz atorrante que gritaba “!Qué vodka un carajo, yo bebo en mi casa. Queremos Wolf & Raven!”. Tiene toda la razón.

Leí por ahí alguien diciendo: “había algunos necios pidiendo Wolf & Raven, no van a un concierto sin antes aprenderse las canciones de la banda que van a ver”. Excuuuuuuuuse me… pero yo estoy pagando por una vaina como que para que MÁS O MENOS ellos toquen lo que me gusta; nosotros no tenemos que complacerlos a ellos, todo lo contrario. Pero ahí termina mi discusión, fué lo que fué y ya no se puede hacer nada.

Finalmente se tomaron su tiempo para despedirse, darnos algunos abrazos simbólicos y hacer una reverencia. Se notaban muy satisfechos. Tardamos un poco en irnos por una falsa esperanza de que regresarían a cantar una ñapa; pero eso nunca sucedió. Nos quedamos con sed de Sonata Arctica, ciertamente.

In the way out

Salí del concierto molesta, entre molesta y satisfecha para ser más honesta. Tenía hambre… y todo empeoró cuando entramos a Hard Rock Café para pagar 70 lucas por una hamburguesa que tardaron dos horas en traerme. No vuelvo a comer más en Hard Rock, just saying.

  • Fue un buen concierto; no excelente. Sin embargo pudo haberlo sido.
  • Sonido y luces estuvieron del carajo (a excepción de un pequeño momentito donde todo se oscureció de repente en medio de una canción… no pude pensar completamente “Mierda, se fue la luz” cuando ya estaba todo alumbrado. Afortunadamente).
  • Buena organización de Control Show, salvo el chiste del día: “No se permite guardar puesto en la cola”. Parecido a los chavistas cuando dijeron que estaba prohibido poner arbolito en Navidad. WTF.
  • Es una ventaja un concierto en un anfiteatro; pero no es muy bueno hacerlo en el del Sambil.
  • El concierto no se llenó.
  • Excelente performance de Tony Kakko y la banda en general.
  • ¡Busquen en Youtube videos del concierto!
Sonata Arctica en Caracas @ Anfiteatro del Sambil, 20/10/10
Realmente disfruté jugar a la batería gigante:
“Muchos tráfico hasta mañana”
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAAAAAA
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Un comentario en “Deleite finlandés

  1. hola,te escribo desde Uruguay para decirte q disfrute mucho lo q escribiste,y como lo hiciste.Creo que vas por buen camino.Hoy toca Sonata aca,en Montevideo y espero ir a verla..banda poderosa mas alla de q no soy fanatica,disfruto mucho su musica.
    Los comentarios que he leido me dejan pensando en que mas alla de que podemos disfrutar bastante un concierto, el publico sudamericano esta esperando que toquen los clasicos que por algo son clasicos,como que se van con gusto a poco.
    Ese detalle de que no se puede guardar lugar es cualquiera,siempre salen con algun martes trece,jajja
    Y aca lo hacen en un lugar cerrado asi que por mas luna llena que alla….

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