SinFerry

Hace una semana, desde hace unos cuantos -muchos- años, viajé de vacaciones con mi familia a Margarita. Por ciertas razones de peso decidimos viajar en ferry a la isla. Desafortunadamente nos tocó vivir la pesadilla que Conferry nos tenía preparada junto con los otros cientos de pasajeros que, como en una secuela de Destino Final, fueron parte de esta tortura marítima.

Nuestro viaje, supuestamente, zarpaba a las 4 de la tarde del lunes 8 de agosto. Chola pareja fue lo que hechamos en el camino de Caracas hasta Puerto La Cruz (podrán imaginarse el viaje en esas bellas carreteras del interior del país), sobre todo porque al mediodía nos agarró la tranca en la autopista de oriente llegando a Caucagua por, cosa rara, una protesta.

Desde Conferry en Puerto La Cruz

Afortunadamente para nuestras mentes inocentes, llegamos exactamente a las 4 de la tarde a Conferry para encontrarnos con la noticia de que nuestro navío estaba retrasado. Cuatro horas después de esperar en una cola, casi a las 9 de la noche comenzamos a abordar nuestro ferry “express” y tal vez un poco más de media hora después entramos a unos mares negros que se confundáin con el cielo sin estrellas de las costas de Puerto La Cruz. Un ambiente triste para un viaje que puso a prueba los nervios de todos.

Dentr del ferry
Dentro del ferry "express".

Fue mi primer viaje en ferry (y más nunca me vuelvo a montar en uno de Conferry), cuando logramos abordar no había suficientes asientos para todos, reconociendo la pericia de mi madre, ella nos logró encontrar unos cuantos puestos dispersos a los largo del barco; el resto de mi familia tuvo que dormir en el piso, junto a unas cincuenta personas más. Para disgusto de todos,la sobre venta de los boletos no fue lo único que tomó nuestro carácter por sorpresa, sino que el viaje “express” de tres horas duró más de cinco. ¿Yo qué podía hacer? Descargarme por Twitter cuando lograba tener señal.

Durmiendo en el piso del ferry por la sobre venta de pasajes.

En desespero dentro de una atmósfera húmeda y calurosa de un espacio sobrehabitado, comenzamos a ver luces lejanas a través de las negras ventanas del barco, durante tal vez dos horas en esa madrugada las luces permanecieron inmóviles. La tierra estaba tan cerca y tan lejana a la vez; el puerto estaba a pocos metros, lo sabíamos, pero estábamos inmóviles y sin respuesta de la tripulación del porqué. Por supuesto los límites de las personas fueron violados por este abuso y trato inhumano, maracuchos al fin, algunos pasajeros rompieron en ebullición y alaridos de ira comezaron a escucharse contra las únicas dos caras ignorantes de Conferry que teníamos frente a nosotros: dos trabajadoras “ferrymozas”, como le llaman. Nadie nos dió nunca respuestas ni mucho menos disculpas por un servicio deficiente.

En estas condiciones pasajeros tuvieron que soportar el viaje de cinco horas.

Llegamos a puerto pasadas las 3 de la mañana. Al día siguiente vimos por televisión que Indepabis había tomado las oficinas de Conferry.

¿Será un déjà-vu?

Esperando un regreso más tranquilo viajamos al mediodía a Punta de Piedras, el puerto de Conferry en Margarita, igualmente teniendo una salida a las 4 de la tarde; nos acercamos a una de las taquillas para preguntar si debíamos pagar impuestos nuevamente y registrarnos como lo hicimos en Puerto La Cruz, pero una voz indiferente nos dijo que nos nos íbamos a registrar en ningún lado porque no viajaríamos ese día. Nuestro regreso estaba retrasado para el día siguiente a las 7 de la mañana. Para ese día y hasta nuevo aviso, estaban suspendidas las ventas de pasajes.

Desde la una de las salas de espera en Conferry Margarita.

Aplaudiendo nuevamente la pericia de mi madre, ella y mi tío se trasladaron rápidamente a las oficinas de Conferry en la avenida Bolívar en Prolamar para buscar respuestas y, lo más importante de todo, soluciones. Afortunadamente, el personal respondió dándonos alojamiento y comida en el hotel Hipocampus Vacation Club por esa noche.

Anuncios en las taquillas de Conferry.

A las 4 de la mañana nos despertamos para volver al puerto y hacer cola para entrar al ferry, esta vez, el navío llegó puntualmente y a las 7 de la mañana ya estábamos pasando, mejor dicho, pegando la carrera hasta el ferry para no quedarnos sin puestos. Ver a todas esas personas correr hasta el ferry para luego experimentar dentro la parodia de la estación de metro El Silencio a la 5 de la tarde, haría a cualquiera decir que este es un país de locos. Sé que Conferry se está riendo de nosotros, y nunca mejorará porque no tienen competencia aunque ellos bien saben que esa no es razón para prestar un servicio más que deficiente.

Este es uno de los anuncios con el cual nos encontramos el sábado 13 de agosto.

Yo quise quedarme para oficializar mi denuncia en Indepabis en Margarita; pero no sabía dónde quedaba y nunca contestaron el teléfono. Me alegra aquellos que no se la calaron y reclamaron sus derechos ante las autoridades. Lo peor de todo es que esta situación no ha mejorado nada en vísperas de la temporada alta.

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