El olor del metal sinfónico

Pseudo crónica de una noche Apocalyptica

Ayer tuve la fortuna de asistir al segundo concierto de Apocalyptica en Venezuela, después de casi 7 años pude verlos en persona y enamorarme a primera vista. La primera vez que vinieron yo era una imberbe de 16 años, estudiaba en un colegio de monjas con puras niñas y por supuesto, mi querida madre no me dejó ir; recuerdo que ese mismo año pasaron por puerto criollo bandas como The Offspring, Slipknot e Ill Niño… mi ausencia en tales evento siempre dejará una cicatriz sicológica (por no decir trauma infantil).

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Las entradas de Apocalyptica me costaron 650Bsf. la segunda preventa

Tarde de relax

Al mediodía levanté a mi hermano, tomamos el Metro hasta La California y allí nos montamos en un taxi, que sorprendentemente nos cobró 50 lucas, hasta el Centro Internacional de Exposiciones Caracas (CIEC) en la Universidad Metropolitana (Unimet). All legar nos esperábamos una cola kilométrica y chacaitera, similar a las que nos hemos encontrado en los últimos conciertos a los que hemos asistido, pero sorpresivamente no había tanta gente. Un amigo de confianza se encontraba cercano al comienzo de la cola así que nos unimos a él descaradamente.

La tarde avanzó lenta y tranquila, es la cola en la que menos roncha he pasado en mi vida; vale la pena decir que hace 8 meses pasé por una operación de columna vertebral, y a pesar de eso jamás sentí dolor a los largo de la jornada.

Profit Producciones cuidó los detalles desde el comienzo hasta el final, me quito el sombrero de verdad. Inlcuso estuvieron pendientes de que nadie fumara dentro del recinto. Así sí dan ganas de hacer espectáculos en el país. Había baños, vendedores ambulantes, por su puesto, y un orden impecable. Además, las instalaciones de la Unimet nos quedaban literalmenta al lado, y aunque no nos tenían permitido usar los baños ni los cajeros automáticos, pudimos utilizar una cafetería en donde cené un croissant y un dulce de manzana despreocupadamente.

Mi amigo y yo en la cola

Puntual

La cola comenzó a avanzar a eso de las 7 de la noche, soplaba un viento helado mientras hacía la línea para usar el baño portátil. Desistí de mis necesidades y corrí hasta mi puesto donde avanzamos constante y tranquilamente. Unos chicos detrás de nosotros tuvieron que engullirse una botella casi completa de güisqui ya que estaba prohibido su paso. Vasta decir que no caminaban nada derecho 15 minutos después de haberse bebido esa botella.

Afortunadamente pude utilizar los baños del CIEC, y así pasé una noche aliviada. Nustra posición no era lejos ni cerca, estábamos en la mitad del despelote, pero claro, siempre es un despelote ordenado y familiar como me podrán entender.  Puntualmente la banda paisana Sibelius comenzó a tocar a las 8 de la noche. El sonido y las luces fueron brutales, mucha calidad; sin duda lo que pagamos por esa entrada valió cada Bolívar.

Sibelius es una agrupación con muchísimo talento, el guitarrista en uno de esos virtuosos y el vocalista tiene una voz expecional que me recordó a un Bruce Dickinson con 15 años menos, tal vez. No es el tipo de metal progresivo que me gusta, pero de verdad no tienen desperdicio. La faena de media hora mezcló canciones con voz, unos covers clásicos y tuvieron como invitado al guitarrista de Mojo Pojo. Mucho entusiasmo venezolano salió de Sibelius… mucho.

El guitarrista de Sibelius hacía unas caras comiquísimas mientras tocaba

ApocalypticNOW

Un poco pasadas las 8 de la noche, las luces se apagaron y se incorporaron en escena nuestros tres queridos chelistas: Eicca ToppinenPaavo LötjönenPerttu Kivilaakso y el baterista Mikko Sirén. Nuestros gritos eran infernales, afilados, entusiastas y perpetuos. Muchas veces no podía escuchar la música de los chelos por el calibre de los gritos y alaridos de emoción que escapan de los hiperactivos fanáticos (incluyéndome). No mentiré al decir que esta actitud me hace orgullosa, hay que demostrarle a la banda, cualquiera que sea, que estamos muy agradecidos de que estén allí.

Perrtu y Eicca hablaron repetidas veces en inglés, pero para ser sincera entendí menos de la mitad de lo que decían… incluso las palabras en español pronunciadas por un finés son difíciles de entender.

La campaña musical comenzó con On the Rooftop With Quasimodo, mis ojos se fueron instantáneamente hacía Eicca, su expresión seria y ojos que apuntaban hacia el piso no me extrañaron; pero esta expresión cambió totalmente gracias a una inyección de fanaticada venezolana. Luego siguieron con 2010 y posteriormente Grace. Los gritos y alaridos eran imposibles de aplacar. Los ánimos se avivaron más aun al escuchar Master of Puppets, el coro de voces al unisono se hizo sonar implacable.  En algún momento tocaron Quutamo, lo recuerdo porque yo era la única que cantaba las letras en francés de la versión En vie; pero no recuerdo en qué orden específicamente.

La tarima en pleno

Lo confieso: grité como si estuviera viendo a Servando y Florentino y fuera una “Fan enamorada”, al escribir estas líneas siento una ardor en la garganta, pero es una molestia que valió la pena. Luego de solo cuatro canciones tengo la osadía de decir que Paavo se robó el show, el mayor de los tres chelistas toca de una manera tan sexual que es imposible de ignorar. Jamás pensé que este hombre fuera TAN sexy, es algo que las fotografías y los videos no pueden captar, debes estar allí para verlo y de alguna manera sentirlo. Miró a los fanáticos a la cara, nos hacía muecas, nos gritó para animarnos, interactúo con nosotros, se sintió muy emocionante a pesar de que fue desde una perspectiva muda. Si yo nunca me había enamorada a primera vista, pues pasó anoche. Me mudo a Finlandia.

Y Perttu… bueno… ni me viene ni me va. Aunque fue el que más gritos provocó de las niñas hiperactivas y hormonales asistentes, especialmente cuando se quitó la camisa (*coff* escuálido *coff*). Seguidamente Tipe Jhonson se incorporó al cuarteto para cantar las letras de I’m not Jesus, canción que vociferamos con potencia. Repito, muchas veces la voz de Tipe se ahogaba en las nuestras, no se escuchaba más que nosotros cantando.

Paavo Lötjönen

Smells like teen spirit

La escena se calma para dar paso a un solo de Perttu que deja a la audiencia hipnotizada, el único momento de la noche en la que guardamos silencio. La entrada se dio para Bittersweet y luego la emotiva Nothing Else Matters en donde vi lágrimas… aunque parezca contradictorio, los metaleros no están hechos de metal. Ya a esta altura del concierto un tufo poderoso, como nunca había sentido en ningún otro concierto, invadió mi nariz. Estaba muy extrañada, pero luego todo tuvo sentido; a pesar del aire acondicionado… tenía que ver nuevamente a los fanáticos que me rodeaban, adolescentes, apenas niños, los cuales obviamente expresan su crecimiento de una manera corporal muy particular con su oloroso sudor; además, el recinto era una sala de exposición techada y cerrada. Si uno no está dispuesto (o a aceptar resignadamente) que vas a estar en contacto con fluidos y olores humanos, pues no tiene sentido ir a un concierto de metal.

Durante Bittersweet y Nothing Else Matters el coro fue espectacular, la cara de sorpresa de los chelistas se hizo evidente, estaban anonadados, no podían creer la cantidad de energía que teníamos, y lo dispuestos que estábamos para cantar más fuerte y sin pausa. Su cara que admiración y sorpresa fue uncombustible para que coreáramos más alto. Por un momento me sentí en una gran familia, un gran grupo unido por la música. De verdad fue un momento de escalofrío.

Eicca Toppinen

Eicca tomó el micrófono y nos dijo que no podía creer lo que pasaba, que éramos geniales y que creía que le habíamos roto un tímpano… o algo así… lo que medio le entendí. Luego Perttu hablo y cualquier vaina; no le paré. Como si no quisieran que nos enfriáramos, tocaron Seek and Destroy, el momento más poderoso de la noche. Dejé mis cuerdas vocales en esa canción. Eicca nos dijo que estaba sorrpendido por ver a tanta gente con sonrisas en el rostro, y nos preguntó Are you ready for metal?!, para seguir con Inquisition Symphony.

Luego de una falsa despedida, en una oscuridad total y con linternas en los chelos, interpretron At the gates of Manala, posteriormente se incorporó nuevamente Tippe para cantar I don’t care, y lo que parece ser un cierre con broche de oro: Enter Sandman. Todos se abrazan y Mikko saca una bandera de Venezuela gigante con Apocalyptica escrito en la franja amarilla. Hermoso momento.

Pero no estábamos listo para irnos. ¡Pedíamos una más! !Una más! Así que Eicca tomó el mocrófono de nuevo y nos dijo que porque habíamos sido unos chicos tan buenos, sólo por eso, tocarían una más, una canción que tenían años sin tocar: Hall of the Mountain King, la cual a los poco minutos fue interrumpida por Perrtu quien comenzó a tocar el himno de los leones del Caracas. Paavo nos tuvo que hacer gestos para que dejáramos de gritar “¡leo, leo, leo, leo!”, y así concluir la canción.

Y eso fue todo

La verad me sorprendió que solo tocaran 90 minutos… estaba preparada y expectante para media hora más. Pero eso fue todo, y otra cicatriz sicológica para mi fue el hecho de que no tocaran Path.

En fin, salimos ordenadamente y muy satisfechos de CIEC, mi querido tío me fue a buscar a las 10 pm, así que tenía mediahora esperándonos afuera. Me dijo que la salida la vio muy ordenada y que se escuchaba el espectáculo desde afuera sin que pareciera un desastre; y esto no me lo explico porque gritábamos como si fuéramos almas perdidas en el Valhala.

En fin, fue un día lindo, no me quejo de nada.

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3 comentarios en “El olor del metal sinfónico

  1. me uno a tu decepción con path y one… q concierto tan brutal yo si me tripie hasta las payasadas de Perttu en seriooo (><) no keria q se acabara =(

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