¿Por qué nos molestan tanto los selfies?

AVISO PREVIO: ¿Por qué nos molestan tanto los selfies? es una pregunta real; no retórica. De verdad quisiera saber por qué existen personas que se molestan tanto por los selfies y ridiculizan  quienes lo practican. Lo que quiero decir que al final de este post no encontrarás una lista de razones por las cuales todos odiamos los selfies. De hecho, a mi me gustan las fotos, me gusta tomarme selfies y publicarlas. Sabes que a ti también.

Aunque no necesite una razón legítima más allá de “porque puedo” para explicar por qué estoy a favor de los selfies, trataré de exponer las razones por las cuales defiendo la praxis.

Además, en serio quisiera saber por qué te molestan tanto que otros se tomen selfies. En serio, participa y cuéntame; pero no se vale decir solo que es “tonto”.

Empowerment

Si te es desconocido el término, el empowerment significa literalmente “ganar poder”. Tomar acción y apoderarse de algo, generalmente algo abstracto como liderazgo, confianza, control. Este apoderamiento es algo positivo, porque reconoce en la persona las posibilidades que tiene sobre sí mismo y cómo puede influenciar en su entorno.

Los selfies son consecuencia directa del empowerment de la imagen personal. En una sociedad que históricamente ha sido dueña de la imagen de los individuos, sentimos que no nos pertenecemos sino a un sistema que generalmente -y secretamente- rechazamos. Un selfie es una declaración gráfica de nuestra posesión personal: Yo soy mío, me reconozco y te hago saber que nadie tiene poder sobre mi más que yo mismo.

Un ¡urra! por el empoderamiento.

“Me amo”

Se que van a decir que mucho de algo bueno se vuele malo; que la vanidad es dañina y perjudicial. ¿Pero en verdad es dañina y perjudicial? ¿Negativo para quién? ¿Nocivo cómo? ¿Qué daño a la humanidad per se hace alguien que se toma selfies?

Lo mismo dijeron los seudoeruditos los primeros años de vida de la televisión, que era una caja creadora de zombies, ahora es un aparato casi vital. Si el argumento es que quienes se toman selfies son personajes tan narcisos que no contribuyen al mejoramiento de la humanidad, pues la mayoría de las personas que no se toman sielfies en general tampoco lo hacen. No veo una relación directa con tomarse selfies y no ser voluntario en un comedor comunitario, hacer donaciones o reciclar.

Sin embargo, el claro aspecto positivo del selfie es expresar un amor y autoestima válido. Es una proclamación pública de amor propio. Y si consideras que es estúpido sentir amor por uno mismo entonces considera esto: “Si no te amas a ti mismo, entonces cómo demonios vas a amar a alguien más”, o practicar la caridad, la bondad. Todos sabemos que la humanidad tiene una alta carencia de amor.

-Este punto tiene una alta relación con el feminismo y la recuperación del cuerpo y vida de las mujeres; pero no quiero desviar la atención ni provocar a los poco inteligentes haters-

La vieja historia del “fit in”

Es la naturaleza humana: Ser aceptados y pertenecer a un grupo. Está grabado en nuestro ADN, es necesario para la supervivencia. Nuestra sanidad mental depende de ello. Aceptémoslo, todos queremos ser aceptados, recibir esa confirmación social que de alguna manera nos diga que somos una parte “normal” de la sociedad. A lo mejor no queremos ser normales, solo necesitamos que nuestros pares reconozcan que no somos unos sicópatas.

Entonces, qué mejor manera de expresar aceptación y afecto que con “likes”. Sí, tal vez la era de las telecomunicaciones y la información nos ha transformado en seres fríos que divulgan estimación a través de pantallas de computadoras. Es lo que la evolución tecnológica nos ha llevado y, seamos honestos, lo recibimos con los brazos abiertos. Es fácil, rápido y asequible. Para terminar este punto sin querer desviarme mucho del tema, aun hay gente que prioriza el contacto humano sobre el digital; lo bueno es que tenemos la opción de elegir uno o el otro.

Los “likes”, sin duda se convirtieron en la carrera para alcanzar la popularidad, y muchos caímos en esa trampa. Queremos ser los mejores, los más populares, los más originales, los que tienen más seguidores, mas “likes” y más “share”. Ese es el punto, por qué entonces compartir si no queremos esa retribución.

El inconveniente, sé lo que estás pensando, es que hay muchas personas idiotas muy populares, “famosas por ser famosas”, que son intrascendentes, no particularmente inteligentes ni contribuyentes a un mejor mundo . Pero tenemos que reflexionar en quiénes fueron lo que los transformaron en famosas y por qué. El gran acto de rebeldía es dar unfollow, no retuitear y no dar like a lo que nos parece inútil o estúpido.

A pesar de esto, las Kardashian tienen alrededor de 50 millones de seguidores en Instagram -casi que cada una- y Katy Perry tiene más de 70 millones en Twitter. Si quieres que esto cambie pues comienza a seguir a quienes te inspiren y según tus intereses contribuyan al mundo… aunque sé que no dejaras de espiar el fanpage de Shakira en Facebook que, por cieto, tiene más de 100 millones de fanáticos.

¡Pero qué importa!

Por último, estoy a favor de cualquier medio que permita a la gente expresarse, ser libre y opinar responsablemente. A mi no me molesta que la gente se tropiece en la calle con un poste por andar tomándose selfies; cada quien a lo suyo.

Si me interesa saber por qué a algunos les enfurecen estas prácticas, ¿tu qué opinas?

Los muros de la urbe en papel

La ciudad es una bombonera de oportunidades, experiencias, romances y tragedias; pero en una urbe, los bocadillos surtidos se entre mezclan en un caos, se pierden en un huracán apresurado. El precipitado apuro, la urgencia súbita del ritmo de la urbe difumina la percepción del tiempo y nuestros actos en él. La vida dentro de una urbe es peculiar y ofrece ciertos aspectos de los cuales otras ciudades carecen.

Son muchos los rasgos de las urbes que las hacen de personalidades estrambóticas: el exceso; sus engranajes que giran en un aparente desorden; el dinamismo perenne como un perpetum mobile, la urbe siendo una batería que se alimenta a sí misma y nunca se detiene; el abarrotamiento, la congestión, el casi atascamiento en el cual no cabría un suspiro; las celdas donde todo tiene desarrollo, donde todo surge a la vida, son espacios cerrados de cuatro paredes y un techo;  el paisaje diferente de una urbe, un panorama cubista de figuras anguladas que se confunden entre las nubes; el olor a fabricado; la sobrepoblación.

Las crónicas urbanas dibujan lo cotidiano, esbozan el paisaje de la vista diaria en una urbe: lo que se percibe al salir de un apartamentico, montarse en el ascensor y bajar unos pisos para encontrarse con el concreto negro infinitamente pisoteado, los laberintos de edificaciones, el circo variado de transeúntes que se unen en una misma caravana, la peregrinación multitudinaria en el transporte público y la llegada a otro espacio reservado donde se labora o se estudia.

Las crónicas urbanas, entonces, son los retratos de estas ciudades de distintiva raza; pero no son imágenes generales, son esbozos de detalles que hablan por sí solos de la particularidad de una urbe, detalles que describen mucho más a una ciudad caótica en específico que el relato de su generalidad.

Las crónicas urbanas constituyen anécdotas del cadáver exquisito que sus habitantes ayudan a formar. Caracas, siendo indiscutiblemente una urbe por ostentar las características de estas ciudades que existen en el caos y la premura ha sido razón de la autoría de crónicas urbanas. Elisa Lerner ha escrito En el entretanto: Un solitario elogio a Zapata, un personaje propio de la urbe caraqueña, un ícono, una personalidad de referencia extendida al ámbito nacional; y Federico Vegas, quien compuso El valle y la trama, describe la fisionomía de Caracas, una ciudad que siempre ha sido y será una dama voluptuosa rodeada y protegida por gendarmes: las montañas.

En Un solitario Elogio a Zapata, Lerner escribe sobre un personaje único en la urbe que exhibe, en una de las encrucijadas donde sus diferentes tonos se encuentran, un mural enorme del artista, una referencia que ha echado raíces como característica natural de Caracas. La autora describe el rechazo de los venezolanos en reconocer y expresar la genialidad de los artistas nativos: “En relación a un trabajo del artista nuestro podemos decir, muy apurados, vamos, <<el hombre tiene genio>> pero decir, simple y llanamente, que el artista es un genio, peligro, peligro (…), es acercarlos demasiado a Dios y trastocar de esa manera la paz del mundo”, explica.

En El Valle y la trama, Vegas expone la lucha que aún se desenvuelve entre los habitantes de Caracas y la topografía de la ciudad. Nuestra metrópoli con su arquitectura y desarrollo como urbe ha extinguido la vegetación legítima del lugar. Vegas escribe: “La arquitectura es indetenible, ineludible, omnipresente (…) en mis recorridos, puedo sentir a los valles y quebradas luchando por no desdibujarse y muchas veces, venciendo.” Ambos temas a desarrollar en las crónicas son innegablemente propios de las urbes.

Pedro León Zapata
Pedro León Zapata

Las crónicas urbanas deben crearse de manera que resulten atractivas, seductoras a la lectura, deben ofrecer una reflexión y a la vez entretenimiento; deben estar construidas de manera clara y sutil, con un lenguaje innovador, un estilo causal y fresco pero elegante, una extensión, si se quiere, breve; las crónicas deben emular a las urbes que describen.

La estructura de El Valle y la Trama y de Un solitario elogio a Zapata parecen tener un esqueleto similar. Ambas crónicas tienen un argumento como apertura, en el sentido más científico que la técnica: una hipótesis, posteriormente se desarrolla una serie de demostraciones y explicaciones que apoyao dicha hipótesis.

El estilo de El valle y la trama es anecdótico, el autor combina sus recuerdos y experiencias de la ciudad con un arqueo histórico sobre la lucha hombre-vegetación dentro del valle caraqueño. Vegas utiliza fuentes como la reflexión de su propio padre y de Alejandro Alcega; arquitecto del Hotel Los Frailes; investigaciones de hombres que examinaron el drama de la lucha como Gonzáles Gorronda, Borges Villegas y Armand Planchart; consultas a informes, mapas, planos y dibujos de la ciudad. Todo esto expuesto de una manera ordenada; pero presentado de forma que no raya en la pesadez del rigor científico.

Por otra parte, el autor se coloca en acción protagónica, sin opacar a la estrella de la crónica: Caracas y su batalla histórica. El autor escribe frases como “hace algunos años escuché a mi padre decir”, “en esos mismos años empecé a tener una relación intensas con la ciudad, buscaba un sitio donde vivir y trabajar”, “la frase de mi padre me acompaña siempre”, “siento al Ávila como un fiador”; de este modo, infiero, que Vegas tenía como objetivo demostrar que Caracas y sus historias son anécdotas personales, le pertenecen, son propias, suyas. Posteriormente el escritor cambia el estilo y escribe: “La primera imagen que conocemos de Caracas”, “casi todo lo que hemos hablado”, “a lo largo de nuestro valle”; como recursos para, ahora, incluir a los lectores como una parte más de la urbe; ahora la crónica no es sólo de Vegas, es nuestra lucha como son nuestras montañas y nuestra Caracas.

Mural de Zapata en la Universidad Central de Venezuela - vista desde la autopista Francisco Fajardo

Elisa Lerner, en Un solitario elogio a Zapata, crea una crónica que no cuenta una historia, ni hechos, ni describe un lugar; narra a un hombre, a un artista, como un cuento que todavía no tiene final. La crónica urbana de Lerner es de carácter reflexivo, su estilo lleva hacia el cuestionamiento intelectual de un problema en cuestión, y al final, deja cabida a que el propio lector llegue a una conclusión propia de su discernimiento como habitante de Caracas y sujeto susceptible a la apreciación del arte. El estilo parece centrarse en la simulación de un discurso.

Lerner escribe: “La narrativa referencia a ríos gigantescos que podrían llevar en el duro regazo de sus enormes piedras la mitad de los sueños futuros de los hombres, invita a pensar que, en América Latina, no hay solo vastedad de soledades geográficas”. Es estilo de la autora es casual, utiliza metáforas; pero no deja de ser distinguido y refinado.

En cuanto al lenguaje de Vegas en El valle y su trama, utiliza unas estructuras lingüísticas tradicionales que no alimentan muchas figuras literarias más que la pura descripción y narración. Sin embrago, su estructura no es estrictamente formal, sino es un cuento cantado entre oraciones de bella creación y consonancia musical con abundante sentido de familiaridad y pertenencia. El autor escribe frases y oraciones como: “Siento al Ávila como un fiador, un fuerte hermano mayor, una reserva infinita en la defensa de sus colinas menores”, por ejemplo.

Para Elisa Lerner, en Un solitario elogio a Zapata, el lenguaje sirvió como vehículo para apaciguar el caudal desbordado de la naturaleza vehemente de la discusión. Zapata es un genio, ¿Por qué no llamarlo como tal… y  a vox populi?, es el gran punto de ebullición inherente de la crónica. Así la escritora escribe, por ejemplo, con un lenguaje apropiado y con forma más íntima y ligera: “En esta ocasión los dibujos de las caricaturas semejan una suerte de work in progress para el trazado plástico de los personajes de los cuadros. Aunque seguramente, no hay tal work in progress.

Son dos lugares comunes en Caracas: Zapata y la lucha naturaleza-arquitectura que por separado, trazan una imagen clara de la urbe más acertada que si, en tal caso, ambos autores hubiesen descrito a Caracas, grosso modo, como una ciudad atestada de edificios, rodeada de una maraña de autopistas y con un Metro que serpentea por debajo de los transeúntes inadvertidos… sin matices, ni detalles, carente de pinceladas. Son crónicas de las mañas de la urbe que la hacen distinta de las otras ciudad.